¿Qué fue de la vida de nuestros personajes favoritos?

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El día que Megan Parker salvó la Casa Blanca - 7 años después del final de Drake & Josh

        

         Megan llegó de su clase de patinaje artístico, terminó de alimentar a sus arañas, y se acostó. Había tenido un día agotador en el trabajo. Prendió la televisión y puso MTV: le gustaba dormirse esperando a que apareciera el bobo de Drake con su nueva canción. A las tres de la mañana, cuando ya estaba dormida, el teléfono sonó y se levantó de un tirón. Su interlocutor, un hombre de voz ronca.

           –¿Estoy hablando con Pájaro Azul?
           –Sí.
           –Necesitamos que venga a la Casa Blanca. Hay una bomba.
           –Voy para ahí.
           –Apúrese, no tenemos demasiado tiempo.
Megan y su maletín de herramientas
           Saltó de la cama y se puso su equipo. Cuando terminó de tomar el licuado de huevo y banana que su mucama había preparado, escuchó la voz de Drake desde el cuarto. ¡Ah! Su nueva canción, tan pegadiza.

           Bajó al garage, subió al auto y salió disparada. Manejaba a 110 kilómetros por hora mientras escuchaba la canción de Drake en la radio a través de su conexión bluetooth. De repente, la música se interrumpió por una llamada. Megan antendió.
           –Hola, bobo.
Josh Nichols
           –Megan, necesito que vengas a buscarme a Rox Pub.
           –No puedo. Estoy yendo al hospital, tengo una operación de urgencia.
         –Megan, por favor. Juro que cocino toda la semana… y compro los ingredientes. Estoy tan borracho en este momento que ni siquiera puedo inventar una excusa mejor para que vengas a buscarme.
           –Josh, bastante alterada está mi vida por tenerte aquí en Washington. Tus problemas con la bebida ya son mis problemas, y no puedo seguir siendo tu madre. Tengo un trabajo que cumplir. Toma un taxi y nos vemos en casa. En mi casa.


           Cortó el teléfono y se puso a pensar qué debía hacer con su hermano. Lo irónico era que, aunque le dijera que estaba cansada de ser su madre todo el tiempo, no podía parar de hacerlo. Además, se sintió culpable porque su hermano borracho se iba a topar con un balde de salsa Tabasco dispuesto cuidadosamente para caer en su cabeza al entrar al cuarto de huéspedes.
           Estacionó su auto en la puerta. Abrió el baúl y, cuando agarró su maletín, se le pegó un chicle en la mano. ¡Ah, Drake y Josh! Siempre vengándose con las bromas más infantiles. Sacó la pistola congeladora de su maletín y despegó el chicle de sus dedos.


           Un hombre rubio la recibió en la puerta de la Casa Blanca.
           –Es un placer conocerla. Me han hablado muy bien de su trabajo y me cae muy bien su padre. Es el único meteorólogo que no se equivoca con su pronóstico.
           –¿Dónde está la bomba?
           –En en el cuarto de Michelle, la Primera Dama.
           –¿Por qué no dijo, entonces, en el cuarto del Presidente Obama?
           –¡No! Siempre meto la pata.
           –No se preocupe. Guardaré el secreto.
         Un equipo de doce hombres vestidos de negro subió la escalera siguiéndola. Al fondo a la izquierda, el cuarto de Michelle Obama. Seguro tendría un vestidor increíble.
           Le indicaron que la bomba estaba adentro del espejo del baño. En el cristal, escrito con lapiz de labios, “Basta de mentirle al mundo, maldito afroamericano con un nombre parecido al mío. Estoy más vivo que tu mujer hasta dentro de un rato.”
           Cuando abrió el espejo del baño, vio una pequeña cantidad de explosivos que no podrían volar más que una pequeña habitación. Le llamó la atención que el inexperto terrorista no hubiera querido matar también al Presidente. Inexperto porque había dejado al descubierto el cable violeta que conectaba el eje de giro con el panel central, dejando que la desactivación de la bomba fuera pan comido. Solo había que ralentizar la cuenta regresiva aplicando nitrógeno líquido sobre el contador, cortar el cable rojo para interceptarlo con el azul, y resolver veinticinco ecuaciones que le permitirían tener más seguridad sobre si debía cortar o no el cable violeta. Hasta el bobo de Drake podría haber planeado mejor ese atentado, pensó.
Drake Parker
          Cuando terminó de desactivar la bomba, miró por la ventana y el frente de la casa estaba lleno de periodistas. Tomó su transmisor y llamó a la agencia.
           –Aquí Pájaro Azul. Necesito una extracción.
           –Está bien. Aguarde unos segundos.
Su doble identidad se vio amenazada en los diez segundos más desesperantes de su vida. Si los periodistas la veían, la gente sabría que tenía una personalidad oculta, y eso la trasnformaría en el loco Steve. ¿Qué diría su madre de su peligroso trabajo? Solo pensar en las posibles reacciones la angustiaba. Por suerte, su interlocutor volvió a la línea.
–Tiene que bajar al sótano y presionar la nariz del busto de Martin Luther King. Cuando lo haga, se abrirá un túnel detrás del retrato de Hoover. Como verá, todos los presidentes que no se lucieron con su gestión están en el sótano.
–Pero Martin Luther King…
–El túnel la llevará a la cocina de un Mcdonald’s. En el trayecto, encontrará el uniforme del restaurante para disfrazarse. No queremos levantar sospechas, de verdad debe parecer una empleada de Mcdonald’s, así que no olvide actuar como retardada mental. Afuera la estará esperando un auto que la llevará directamente a su casa.
–Copiado, dígale al chofer que tenemos que pasar por Rox Pub.
A las horas, luego de salvar al país de un atentado, se encontró pidiendo ayuda a un montón de adolescentes para cargar a su hermano borracho en el auto. Ya andando, sin pedir permiso al chofer, sintonizó la radio que emitía el audio del informativo del Canal 7. Su padre anunció que el día estaría cálido, por lo que planeó salir a patinar.
Walter Nichols
Acomodó a Josh en el sofá con la ayuda del chofer (luego se ocuparía del balde) y se fue a dormir. Al día siguiente, se despertó con los insoportables gritos de su hermano.
           –Megan, ¿cómo llegué ayer de noche?
           –En un taxi.
           –Pero… Tengo una especie de vago recuerdo de que fuiste a buscarme.
           –Nunca lo haría.
           –Eres la peor hermana del mundo.
           –Gracias.



2 comentarios:

  1. Querido Manolito, lo bueno de tu blog es que siempre me recuerda a mi feliz infancia. Aguante Multimedia.

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